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Consumo Local

La pandemia nos ha convertido en seres sensibles en muchos aspectos, en especial frente al consumo local, pues sentimos una inmensa responsabilidad con la reactivación económica del país, y ello ha incentivado la necesidad de volver al origen y consumir lo esencial. 


En ocasiones, no nos sentimos seguros yendo al supermercado, y tampoco cuando nos envían a domicilio productos como frutas y verduras, ya que pasan por una larga cadena humana, exponiéndose no solo a sobrecostos sino al virus.  Ante este panorama, parte del sector agrícola ha logrado reaccionar de manera eficiente, estableciendo procesos de colaboración entre pequeños y medianos productores y abriendo canales de comercialización on line, generando así una mejor relación entre productor y consumidor.


Esto eleva la confianza del consumidor, ya que percibe que sus alimentos no son manipulados por muchas personas, recibiendo un producto en mejores condiciones de frescura, calidad y precio, además de la satisfacción por estar apoyando la producción agrícola local, y no es para menos; un consumo responsable en este sentido, aunque puede parecer pequeño, tiene un gran impacto, no solo para la reactivación económica sino también a nivel socio ambiental.  


Mas allá de considerar beneficios individuales para consumidores y productores, nuestra mirada debe ir más hacia el bien común, relacionado con la economía sectorial, regional y nacional. En primer lugar, se mantiene activa la economía agrícola, generando canales de comercialización más seguros para la salud, situación que impacta directamente en el flujo de caja del productor y en el bolsillo del consumidor, resultando en mayor estabilidad en la producción, mayor

motivación y mejor respuesta a la creciente demanda.


Sin duda, esta nueva dinámica, bien aprovechada y administrada, trae grandes beneficios económicos para los actores involucrados.

En segundo lugar, como lo hemos mencionado, está el impacto socio ambiental, pues adquirir un producto local, sea cual sea su naturaleza, supone un gran aporte al planeta en términos de reducción de la huella de carbono, porque mientras menos kilómetros deba ser transportado el producto, estamos sumando en sostenibilidad e impactando de manera positiva a las comunidades de origen.  


Otro aspecto a considerar es la oportunidad de acceder a productos orgánicos, menos agresivos con el medio ambiente, y a menor precio para el consumidor, por adquirirse directamente del productor.  Este es uno de los nuevos hábitos de consumo tras la pandemia que incentiva una nueva tendencia de producción agrícola cada vez más amigable con el medio ambiente.  


Así pues, el “localismo” ha despertado una serie de sentimientos que van más allá de la

reactivación económica, haciendo que las personas sean más conscientes e informadas y cada vez más responsables en la forma de consumir productos y servicios, buscando el beneficio para nuestro bolsillo y el bien común.


Finalmente, hay que hacer una lectura analítica de toda esta dinámica y entender que el reto es para empresarios y mercadólogos de todos los sectores de la economía, quienes deben empezar a actuar en concordancia, dejando atrás políticas comerciales y de producción netamente transaccionales para empezar a incluir en sus planes políticas más sostenibles con el planeta y la sociedad. 


El verdadero reto consistirá en buscar el equilibrio entre los aspectos financieros,

sociales y ambientales de la organización.


Escrito por Adriana Gutiérrez Ramírez creadora de Bloom Ecoworking


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