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Moda honesta y responsable

Hoy, muchos sectores han volcado su mirada hacia la sostenibilidad, siendo la moda un buen ejemplo en nuestro país, tema que viene creciendo de manera sorprendente en el mundo, en el cual no nos podemos quedar atrás y menos en aportes a la sostenibilidad.

La industria de la moda es la responsable de 10% de la contaminación global debido a que cuenta con una cadena de suministro larga y complicada, que comienza por la agricultura a través del uso de las fibras naturales, y las sintéticas producidas por la petroquímica, pasando por manufacturas que en algunos lugares desafían la desigualdad social; una logística que en muchos casos genera huella de carbono, y como he mencionado en otros artículos, la venta al por menor a través del e-commerce generando un impacto altamente contaminante en relación con las políticas de entrega, empaques insostenibles y la falta de regulación en las garantías.

Así mismo, un sector en crecimiento y acelerado por el comercio electrónico ha alimentado el “fast fashion’’ el cual genera más de 92.000 toneladas anuales de desechos textiles que terminan en vertederos en su mayoría. Un estilo de vida insostenible que crece rápidamente cada año y al que no le hemos prestado la atención debida.

La comercialización de prendas y accesorios de segunda mano, el uso de insumos eco-amigables como el cuero de cactus, tintes de origen vegetal, y la incorporación de semillas de plantas en la suela de los zapatos, nos muestran lo que las nuevas generaciones de empresarios y emprendedores pueden aportar a este sector. Para nadie es un secreto que no estamos acostumbrados a la adquisición de prendas usadas, pero afortunadamente, marcas arriesgadas con una mirada global se han lanzado a educar a sus consumidores en este sentido. Estamos ante un despertar de consciencia que crece con velocidad y ya se van gestando marcas y consumidores que crean comunidad en torno a estos temas.

A la luz del marketing sostenible, lo que se pretende es una transformación profunda a nivel organizacional, en la que se dé la debida importancia a los tres pilares de la economía circular desde lo social, lo económico y por supuesto lo ambiental, generando con esto un equilibrio sostenible entre los intereses de todos los actores involucrados. Las cifras son alarmantes; los daños que hemos causado como empresarios y consumidores al planeta con nuestras malas prácticas son sorprendentes. La pandemia nos ha dado el impulso y la energía suficientes para empezar a cambiar el rumbo y darle color a la sostenibilidad. Sin embargo, el comercio electrónico pronto debe ser regulado para que esa sostenibilidad realmente sea trazable a toda la organización, y el sector de la moda continúe evolucionando.

Modelos de negocio en moda sostenible en nuestro país cada vez hay más. Por ello, la moda colombiana, altamente reconocida en el mundo, tiene que hacer un llamado a valores como la honestidad y la responsabilidad desde su producción hasta el último eslabón de la cadena, entendiendo que además debe regular algunas prácticas comerciales electrónicas para hacerlas más sostenibles como los tiempos de entrega optimizados para disminuir el impacto del C02, el material que usa en sus empaques y las condiciones de cambio, entre otras.


Escrito por Adriana Gutiérrez, creadora de Bloom Ecoworking para el diario La República. Publicado el 29/09/2020


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