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  • Foto del escritorBloom Eco-working

La tecnología como herramienta, no como reemplazo del ser humano

Actualizado: 23 sept 2020

La denominada nueva realidad a la que nos ha expuesto la pandemia del Covid-19 ha logrado que tanto las personas como las empresas busquemos herramientas tecnológicas para facilitar nuestras vidas.   Desde las plataformas que te acercan a tu plato de comida preferido a la distancia de click, hasta los escenarios de reuniones virtuales en los cuales las empresas llevan a cabo sus comités y para los cuales disponer de un buen equipo y buena conectividad se hace necesario. 

Todo en nuestro entorno nos invita a cambiar la forma de interactuar con el mundo y esta haciendo que aceleradamente desarrollemos nuevas actitudes hacia las herramientas tecnológicas, incluso en los adultos mayores para quienes ,hasta hace poco, estas herramientas les eran distantes y ajenas,  hoy les permiten ver a sus nietos a través de una pantalla y sentir su presencia en la distancia.

El riesgo que corremos es precisamente ese,  reemplazar la conexión humana por la conexión tecnológica.   Llevamos un poco mas de cinco meses distanciados físicamente y nos estamos acostumbrando a ello,  hemos visto como ya no es necesaria nuestra presencia física para hablar con nuestros clientes y como las respuestas automáticas en redes sociales nos han “facilitado” la vida.   Sin embargo cada vez nos distanciamos más del factor humano,  la conexión emocional que es irremplazable y que solo se logra en la comunicación entre dos seres humanos que sienten.

El abrazo de los nietos a sus abuelos no se reemplaza con una video llamada,  el tomarse un tinto con un cliente no se reemplaza con un mensaje de whatsapp,  la reunión con los amigos no es lo mismo por Zoom, el ambiente de un restaurante mientras disfrutas un plato de comida no se compara con un pedido por las múltiples plataformas existentes para pedir a domicilio y podría continuar con ejemplos como estos donde la tecnología ha sido esencial para mantenernos conectados cuando las restricciones de interacción humana son necesarias para cuidar nuestra vida.

Lo realmente inquietante de esto es que nos estamos acostumbrando a lo que se ha denominado la “Nueva Realidad” una nueva realidad donde estamos dejando a la tecnología reemplazar aspectos esenciales de nuestra vida.   He escuchado a empresarios decir que esta nueva realidad ha demostrado que ya no es necesario que sus vendedores visiten a sus clientes pues una llamada, un mensaje de whatsapp o una reunión virtual han reemplazado su visita y ha optimizado los costos de atención.

Suponer que la tecnología reemplazará al ser humano es un gran error.  Hace poco tuve la oportunidad de ver la película “Sully: Hazaña en el Hudson”  en la cual se relatan los momentos vividos en el conocido acuatizaje realizado por el Piloto Sully en el Rio Hudson y donde se salvaron las vidas de 155 personas.  Una escena en particular me llamó la atención, cuando la comisión de aeronáutica aseguraba que tanto las simulaciones realizadas por computadora como las realizadas por humanos en simuladores indicaban que el avión habría podido aterrizar en una pistas de uno de los aeropuertos cercanos y no era necesario acuatizar,  y es allí donde Sally les pide incorporar las emociones en la simulación, el factor humano, ponerse en la posición de él y su copiloto cuando las decisiones tomadas involucran la emocionalidad, el sentir miedo y lo que implicaba ese miedo en la toma de una decisión de vida.  Gracias a ello se logró demostrar que un retraso de 35 segundos en la simulación representaba la vida o la muerte de los pasajeros y la tripulación y la decisión tomada por el piloto fue la mejor decisión gracias a que involucró la emocionalidad en la misma.

La tecnología es una herramienta para el ser humano pero nunca un reemplazo de este,  ser conscientes de ello nos permitirá hacer uso de las herramientas tecnológicas sin desvirtuar la importancia de la persona como elemento diferenciador en cualquier escenario.  Volver a las reuniones familiares, volver a los comités empresariales, volver a tomarnos un café con nuestro cliente, siempre con la convicción de que quien hace la diferencia es el ser humano que siente y puede reaccionar a las emociones de otro ser humano y desde allí aportar valor a la relación.


Escrito por Diego Mejía, formador y entrenador empresarial y de vida de Makialab

dfmejia@makialab.com


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