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Economía Colaborativa


Son muchas y variadas las interpretaciones que se han dado cuando se habla de economía, tanto en la academia como en la vida ordinaria. Y la terminología utilizada no es menos compleja, dada la tendencia de los seres humanos a tratar de descrestar a los demás usando palabras rebuscadas, complicadas, inventadas y, como se dice, “enredando la pita”.


Y lo mismo sucede con la que se ha denominado economía colaborativa, que podría ser simplemente algo así como buscar los mayores beneficios, en términos económicos, de una trabajo adelantado de manera que todas las partes involucradas colaboren de la mejor manera posible para lograr lo que se han propuesto.

Si nos basamos en las definiciones del diccionario podríamos hablar en términos fácilmente entendibles y sencillos de comprender.


La RAE dice que economía es “la ciencia que estudia los recursos, la creación de riqueza y la producción, distribución y consumo de bienes y servicios, para satisfacer las necesidades humanas”, en una primera acepción y, que también se define como “sistema de producción, distribución, comercio y consumo de bienes y servicios de una sociedad o de un país” para lograr generar y mantener una economía sana.

Cuando se habla de economía colaborativa hay también, por supuesto, varias interpretaciones, siendo una de ellas, en concepto de algunos, un retroceso en el sistema económico, pues se refiere al intercambio de bienes y servicios sin logro de utilidades monetarias, lo que asemejan a una economía de trueque, pues no se trabaja con conceptos de valor moneda sino de intercambio de ofertas entre sí, indicando que es una manera de colaborar con el desarrollo de las personas, del país, de todos, lográndose un intercambio de beneficios entre todos los que toman parte de estos procesos.


Es obvio que no en todo puede darse este sistema, pero que en sectores puede ser aplicado.


Existe otro concepto y es el que tiene que ver con la tecnología, el cual implica que los intercambios se desarrollan utilizando para ello las plataformas digitales y la tecnología en general, creando para ello un mercado abierto en el mundo virtual, en el cual las ofertas se hacen efectivas por medio del uso de las plataformas fomentando lo que desde 2007 se conoce como “consumo colaborativo”, después de que el estratega y consultor Ray Algar acuñara el término en un boletín de Leisure Report, el cual dio origen a su creciente popularidad y aceptación por parte de organizaciones y sociedades que han comenzado a utilizar, y preocuparse, por la manera como se está implementando la aplicación de los conceptos ya que no existe suficiente ni clara legislación sobre cómo debe trabajarse.


El libro What´s mine is yours (Lo que es mío es tuto) de Rachel Botsman y Roo Roger generó un inusitado uso de la práctica de plataformas digitales para el intercambio de bienes y servicios, como los de Uber, Airbnb, y muchos otros, que por el crecimiento observado hicieron que publicaciones como Time, Forbes y el NY Times trataran el tema como la gran idea que revolucionará el mundo en los próximos años, llegando incluso a opinar que el potencial económico que ofrece se cuadruplicará muy pronto.


Sin embargo, la preocupación de los economistas y muchos otros se basa en la falta de legislación, como tuvimos oportunidad de apreciar en el país recientemente con el caso Uber.


Los economistas Jake Frankenfield y Eric Estevez la definen como “un mercado donde los consumidores dependen unos de otros en lugar de grandes empresas para satisfacer sus deseos y necesidades, consistente en dar, intercambiar, pedir prestado, comerciar, alquilar y compartir productos y servicios por una tarifa, entre una persona que tiene algo y una persona que necesita algo, generalmente con la ayuda de un intermediario basado en la web.”


Lo que si es un hecho, y tal vez irreversible, es el que se refiere al uso de las plataformas que de manera adecuada generan lo que la economía colaborativa tiene como finalidad, cual es el logro de beneficios económicos para todos, siendo ello lo más destacable de quienes la impulsan, aunque, como todo en la actualidad, está por verse, pues el afán de rentabilidad podría dar al traste con una buena idea, como es la de la obtención de verdadera colaboración entre todos los sectores y humanos.


Escrito por Carlos Fernando Villa Gómez, consultor residente en Bloom Ecoworking 19/10/2020



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